Paz y Bien a todos! Hoy que recordamos la impresión de las llagas, la estigmatización de San Francisco quisiera retomar la entrada del pasado mayo sobre las “recetas” de San Pablo para alcanzar la Felicidad.
Ya hemos hablado de la ALEGRIA y ahora toca hablar sobre la PERFECCION de vida.
Ser Perfectos.
San Pablo nos insta a la perfección aunque también podríamos decir a la santidad. Este imperativo “sean perfectos” nos recuerda plenamente la ultima parte del sermón de la montaña “sean perfectos como su Padre Celestial es perfecto” (Cf. Mt 5, 48).
Desde que hemos sido creados a “imagen y semejanza” de Dios estamos llamados a imitarlo, a seguirlo, a mostrarlo con nuestras obras. De nada nos sirve vivir nuestra fe solo desde las palabras, desde las ideas. Nuestra fe “vive” solo si es desde los hechos, desde la vida.
El gran desafió de los cristianos es “vivir” la Fe, vivir el Evangelio. La Escritura no es un conjunto de palabras bonitas que están allí para ser leídas de tanto en tanto. El Evangelio es la Palabra revelada de Dios. Es su designio, es la Verdad. Nos ha sido dada para que la escuchemos con el corazón, no con la mente, para que la vivamos.
San Francisco de Asís decía constantemente que había que pasar “de la vida al Evangelio y del Evangelio a la vida”.
Sean perfectos, dice San Pablo, y ser perfectos no es otra cosa que hacer en cada momento lo que Cristo haría, lo que Dios haría. A menudo caemos en la tentación de creer que la santidad es hacer milagros, vivir en una cueva rezando todo el día, creemos que solo se puede alcanzar la santidad “saliendo” del mundo. Es una tentación.
Hemos sido creados a imagen de Dios, en nuestro interior habita la llama de la santidad, el Espíritu Santo. Sucede que la vida diaria se encarga de apagar esa llama, de ocultarla y terminamos viendo a los santos como superhombres.
La perfección se alcanza haciendo cada cosa, por mas pequeña que sea, bien. Antes de tomar cualquier decisión pensemos como obraría Cristo en el mismo caso y actuemos en consecuencia. Puede resultar difícil al comienzo pero luego, con la practica, se hará carne en nosotros.
Ser perfectos, ser santos, no necesariamente implica “caminar sobre las aguas”. La Iglesia nos presenta innumerable cantidad de santos y santas que no han hecho milagros en vida, sencillamente han llevado una existencia acorde con el Evangelio. Una vida ejemplar. A llevar esa vida ejemplar es a lo que nos invita Cristo, “que la Luz de su vida brille ante los hombres, para que vean sus obras y glorifiquen a Dios” (Cf. Mt 5, 16).
Dice SS Benedicto XVI refiriéndose a la carta de San Pablo; “estas palabras nos invitan a ser lo que somos: imágenes de Dios, seres creados en relación con el Señor, “espejo” en el que se refleja la luz del Señor. No vivir el cristianismo según la letra, no escuchar la sagrada Escritura según la letra, es a menudo difícil, debemos ir mas allá de la letra, de la realidad presente, debemos ir hacia el Señor que nos habla y, así, a la unión con Dios” [1]
Ya en el siglo II decía brillante y tristemente un predicador: “los paganos, en efecto, cuando escuchan de nuestros labios la palabra de Dios, quedan admirados de su belleza y sublimidad; pero luego, al contemplar nuestras obras y ver que no concuerdan con nuestras palabras, empiezan a blasfemar, diciendo que todo es fabula y mentira” [2]
Ser perfectos, definitivamente, implica actuar según nuestro creador, hacer lo que estamos llamados a hacer. Hemos sido creados para hacer el bien, si lo hacemos, sencillamente, humilde y simplemente, seremos santos a los ojos de Dios y ejemplo a los de los hombres.
En el texto griego de la carta de San Pablo, encontramos también otro verbo que significa “reparar un instrumento”, rehacer.
Si lo llevamos a la época de Jesús, el ejemplo mas común seria el de reparar una red de pescador o un arado. Instrumentos de suma utilidad pero que debido a las laceraciones del tiempo han perdido parte o toda su capacidad.
San Pablo, al introducir este verbo en sus recomendaciones, nos indica que el en el camino hacia la perfección debemos “reparar”, “rehacer” nuestra alma constantemente.
Ser perfectos, por tanto, no solo significa lo antes expresado, sino también velar, cuidar que nuestra alma (instrumento) este siempre en condiciones para conectarse con Dios.
El examen de conciencia regular y profundo es la herramienta ideal para reparar nuestro instrumento de contacto con Dios, nuestra alma.
En unos dias, el tercer paso: La Caridad, la ayuda mutua.
El Señor los bendiga.
[1] Homilía durante la hora Tercia. Sínodo de los Obispos. 3/10/05
[2] Oficio de lectura. Jueves XXXII, segunda lectura. Liturgia de las Horas